Sábado, Septiembre 4th, 2004...11:11 am

Tus propias “Instrucciones…”

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Tomar un objeto de la vida cotidiana y realizar una producción escrita, tomando como modelo a Cortázar en “Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda a un reloj”. Es decir, como método utilicen el extrañamiento y como objetivo busquen promover una concepción de la herramienta elegida que vaya más allá de la visión instrumental. ¡Sean creativos!

Posteen sus trabajos como comentarios a este mensaje.

3 Comments

  • Gustavo Pablo Peuriot
    Septiembre 6th, 2004 at 1:40 am

    Sus comienzos no fueron fáciles. Este nuevo instrumento, proveniente de Constantinopla, sufrió un rechazo generalizado, por diversos tipo de razones, aunque la principal fue por la falta de pericia de quienes lo utilizaban. Las habilidades mostradas con el tenedor por muchas personas no eran dignas de elogio. Se pinchaban la lengua, las encías, los labios … lo utilizaban a modo de mondadientes, para rascar y hurgar … y llego a denominarse “instrumento diabólico”.
    Alguna vez se preguntaron porqué usamos tenedores!?!?!?!?!?
    Porqué el ser humano debe abandonar el uso de las manos al momento de comer?, si estas son las herramientas más versátiles y prácticas que poseemos. Hoy en día nos es de lo más normal el uso de este curioso utencillo cuya única función a simple vista parece ser la de sujetar la comida y posteriormente llevarla hasta la boca, ambas cosas que siempre pudieron hacer nuestras queridas manos sin la necesidad de herramienta alguna.
    Puede sospecharse que el tenedor, más allá de ser una herramienta, es un símbolo. El tenedor está para recordarnos que ya no somos bárbaros. Somos gente educada, civilizada. Los animales están condenados a comer con sus extremidades, nosotros no. Con la instauración del tenedor tal vez haya muerto nuestro último rastro de animalidad, nuestros instintos son sometidos a numerosas e intrincadas reglas de etiqueta y protocolo a la hora de ingerir alimentos. Nos vemos obligados, pudor de por medio, a introducirnos un frío y duro elemento metálico a la boca.
    Pero no debemos desesperar, la próxima vez que esten frente a un plato de comida preguntense si realmente es imprescindible el uso de un tenedor…. quizás, tras un poco de meditación al respecto, puedan apartarlo a un lado y tener algo menos que lavar….

    By Gustavo Peuriot, Comisión 17, Jueves de 19 a 21hrs.

  • ELEONORA RUBERTO
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    La calculadora

    Desde hace cientos de años el hombre busco diferentes formas para hacer cálculos matemáticos, sumar, restar.
    La primera sumadora, la invento Pascal, hace 600 años, utilizaba un sistema de ruedas que representaban las unidades y decenas, pero fracaso por su gran tamaño. Tiempo después se utilizaron con tarjetas perforadas, hasta llegar a las de la actualidad. Que lastima que los muchachos de antes no conocieron las maquinas de hoy, sino todo les hubiese sido un poco más fácil.

    Gracias este invento dejamos de lado el lápiz y el papel para hacer las cuentas, sobre todo las divisiones que tanto cuestan hacer. Se imaginaria que tediosas serian las esperas en el super sumando los precios con lápiz y papel, o descifrar todas las cuentas a mano en un parcial de matemática. Y ni hablar de descifrar el numero de pi, o el seno y coseno de un ángulo.
    En la primaria no nos la dejaban usar, porque los maestros insistían en que aprendiéramos a usar el hemisferio del cerebro donde están las actividades mecánicas.
    En la secundaria ya fue otra historia, allí uno tuvo que aprender a usarla, ¿aprender a usarla?. Parece fácil, pero esta no era la calculadora sencillita de sumar y restar, era la científica. Llena de botones con frases abreviadas y símbolos que vaya a saber uno para que sirven. Pero era increíble pensar como con esa maquina se podían hacer tantas cosas, y sobre todo tener la tecla justa pero equivocarse siempre… que toco primero, la de la raíz cuadrada y el numero, la del seno o es al revés, el porcentaje, como se sacaba, igual de alguna manera salía.

    La calculadora fue sobre todo, un cambio revolucionario en plano de las ciencias duras, gracias a todas las aplicaciones que se le metieron adentro a esta maquinita los científicos, contadores, matemáticos, y aquellos, por que no apasionados de las cuentas, tienen una herramienta de trabajo que facilita la laboriosa tarea de calcular y descifrar los enigmas que plantean los números.

    Solares, a pila, de bolsillo, de reloj, del celular, para la dama y el caballero, lo cierto este invento existe para hacernos la vida un poquita más fácil. Gracias.

  • Un día en la vida. Un día en la tecnología.

    Pedro Pómulo abre los ojos con desesperación, igual que ayer. Apaga el despertador y programa la televisión para dormir treinta minutos mas. Sueña con un desierto absoluto, con gotas que cubren su rostro al tiempo que camina sin destino, pero ansioso, y se despierta con desesperación. Apresurado por antonomasia (hace años que siquiera recuerda pensar en como era no vivir apurado) pone a calentar la pava al tiempo que abre la ducha y se mete debajo del agua todavía tibia. ¿Qué estaba soñando? Ya no lo recuerda. Cabello húmedo que gotea dentro de su café. Pedro tampoco sabe, tampoco le interesa que el café no existía en América hasta la llegada de los europeos en sus navíos enormes y sólidos, cargados de bandoleros conquistadores. Pedro jamás descubrió la diferencia entre él y el peruano de la verdulería que llegó a Buenos Aires en colectivo también enorme y también sólido. Pedro no lleva sangre americana en sus venas, su color es blanco, su rostro genera barba, su fisiología es puramente europea. Pedro el peruano tampoco es conciente de que el trayecto que ha recorrido desde el Cusco, capital del Imperio Incaico, lo realizaron ya centenares de Quechuas y Aymaras hace mas de 500 años a pie, o con la ayuda de animales de carga, mientras el se lo devoró en 2 dìas de películas sobre un bus súper confortable. El café de Pedro está dulcísimo, aunque ignora que el azúcar no existía en el continente que habita hasta tanto no lo trajeran los europeos, ignora de hecho como es la forma de la caña. Lo acaba de un sorbo en el instante en que se apaga su televisor, indicándole que ya no tiene más tiempo. Sale corriendo de su edificio hacia la calle de adoquines. Jamás se le ocurrió que sus tatarabuelos no conocían este sistema de casas cubicas apiladas hacia el cielo, ni que la callecita que camina es angosta porque fue diseñada originalmente para carruajes tirados por caballos y no tiene ninguna noción de que metros debajo corre un río apresado para que él pueda caminar y no nadar.
    Su carrera se interrumpe varias veces a la espera del hombrecito verde titilante que le indica que ya corresponde proseguir su camino. Decenas de colectivos, mítico invento nacional, pasan frente a él, al tiempo que se monta sobre las escaleras automáticas que lo descienden al nivel del río, para montarse en el tren subterráneo. Observa en el reloj digital que depende de pocos instantes para llegar a tiempo. Se sube en el vagón del medio, por la puerta automática del medio, para bajarse siete estaciones después exactamente frente a la escalera mecánica que lo llevara a la luz otra vez. Corre fuera del tren y llega primero a las escaleras. Casi sin excepción gana esta carrera ilusoria todas las mañanas.
    ¿Desde cuando el tiempo es tan rígido? Cuando los españoles llegaron a este continente, ¿tenían que llegar a horario? Y en todo caso, el tiempo que regía la vida en América, tenia algo que ver con los octubres de Colón? ¿Cuándo dejaron de regirse por los ciclos solares, lunares y de cultivo los nativos? Difícil que les importara una vez que se vieron obligados a respirar mierda en las minas en lugar de verduras en el campo, difícil que les importara cuando en lugar de tener hijos en familia las mujeres embarazadas eran usadas para tiro al blanco por los ancestros de Pedro Pómulo. ¿Desde siempre existe la Argentina? ¿El Perú, fue inventado? Nuestro país tiene el nombre de las riquezas que los bárbaros soñaban con encontrar cuando entraron por el Río de la Plata, camino a descubrir los mayores yacimientos de barro en el mundo. El Perú se llama así por ridiculeces de la historia. Resulta que unos corsarios españoles le preguntaron en español a un Inca ¨¿Cómo se llama esta tierra?¨, a lo cual el Inca, que estaba pescando en un hermoso río contestó en Quechua ¨Este río se llama Berù¨. Ni en este diálogo ni en los 500 años posteriores se comprendieron estas culturas totalmente disímiles. Y así hoy los peruanos tienen una patria con nombre ridículo y los argentinos tomamos mate, como los guaraníes, seguros del origen criollo pero desconocido de nuestra mas sagrada costumbre. De la misma manera nos sustantivamos ¨che¨, convencidos de la argentinidad al palo sustanciada en ese monosílabo que robamos a los mapuches, o gente de la tierra. Che significa gente; ¿Será que algún argentino tiene noción del origen de su orgullosa argentinidad?
    Los conglomerados de gente que convive y se identifica en y con nuestro territorio, nuestro país no sólo está imbuida en la tecnología, no sólo nuestro hábitat es inventado, no solo la urbe que nos cobija todos los días es resultado de la histórica cadena de innovaciones y adelantos técnicos desde el origen de nuestras ideas, no solo el reloj, el reloj despertador, la TV, la TV con despertador, la cocina, las pavas, las tazas, las duchas y las duchas con sistema de gas para una lluvia reconfortante y cálida, el café en polvo, el azúcar procesada, las carabelas con las que descubrieron este continente, los colectivos locales y los internacionales, las películas de cine y de video incluso en los colectivos de larga distancia, las callecitas de adoquines y las autopistas de seis carriles, los automóviles, los semáforos, los ríos entubados en las ciudades, las escaleras automáticas, los trenes y los subterráneos… no solo todo eso es innovación e inventiva tecnológica. No solo el alfabeto y la escritura occidental es un invento que nos permite llamar a nuestros nuevos países de la manera en que lo hacemos, incluso nuestros propios países, identidades, nuestra historia y nuestro origen son resultado y parte de esa cadena interminable de innovaciones tecnológicas que dan sustento y conforman el entorno ahora natural de los ciudadanos argentinos, también los peruanos, y de todos los países inventados en el también antiguo continente americano.

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