imagesimages-3images-2¿Algunas aplicaciones y programas nos simplifican la vida, ¿pero nos ayudan a darle sentido?

Algunas aplicaciones y programas nos simplifican la vida, ¿pero nos ayudan a darle sentido?

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Las grandes revoluciones en la tecnología del conocimiento son invisibles en sus inicios; se dejan notar con el tiempo; y una vez alcanzada su velocidad de escape parten el mundo en dos: en un antes y en un después.

Pasó con el papel y con la imprenta, pasó con el ábaco y el número 0, pasó con la geometría analítica y con el número “Pi”, pasó con la contabilidad de doble entrada y con las tablas, y ahora está pasando con algunos programas, apps, plataformas y servicios asociados a la fase actual de la Inteligencia Artificial (o Inteligencia Aumentada) aplicada, masiva y con potencia 10x (o 100x o 1000x).

La Inteligencia Artificial tiene -según como la midamos- medio siglo, uno o dos o aún más. Nació con los primeros autómatas mecánicos (hay algunos ejemplos incluso en Grecia, pero los más conocidos están en la Europa del siglo XVIII (Cohen, 1968)), alcanzó momentum con conceptos, prototipos y ejercicios ligados a la invención de la computadora electrónica cerca de la segunda guerra mundial, y vegetó durante décadas hasta ayer nomás.

Hicieron falta muchos fracasos, concepciones equivocadas y reduccionistas acerca del funcionamiento cerebral, la puesta del foco en el uso de máquinas en tareas militares, burocráticas o administrativas, algo que ingeniosamente Joseph Weizenbaum (1968) denominó el “gattopardismo computacional”.

Frente a las promesas inteligentes de las décadas de los años 60 y 70 terminamos construyendo sosos robots industriales, pésimos traductores automáticos,  máquinas de hablar rudimentarias, y en general abriendo lugar a una displicencia muy justificada por parte de humanistas y políticos frente al poder (o la impotencia) alcanzado por esa inteligencia aumentada (en milímetros).

Mientras en estas últimas décadas pasaron varias cosas, algunas inesperadas y otras no tanto. El aumento del poder de cómputo, la baja en el costo de la memoria, el matrimonio entre la bioingeniería y la neurocomputación, la apropiación de herramientas informáticas por parte de millones de personas, la emergencia de la web como nuevo cerebro planetario, la aparición de los smart phones (habrá cerca de 2.000 millones en el mundo en el año 2016), y la aparición de nuevas teorías y diseños del  funcionamiento neuronal exitoso, así como nuevas estrategias de análisis del lenguaje natural, la conéctomica, cambiaron el panorama.

En menos de 5 años todas estas líneas de trabajo, investigación y puesta en práctica convergieron en apps y sistemas operativos. Un momento crucial en esta evolución fue la aparición de Siri en el año 2010. Parte del sistema operativo iOS de Apple Inc., que funciona como un asistente personal inteligente y un navegador de conocimiento. Se trata de una interfaz de usuario en lenguaje natural que responde preguntas, hace recomendaciones y delega solicitudes a un conjunto de servicios web como Wolfram Alpha.

El software, tanto en su versión original o como parte del iOS, se adapta al lenguaje de los usuarios, a las preferencias individuales de búsquedas mejoradas a partir de su uso continuo, y devuelve resultados individualizados. El nombre Siri es escandinavo, una forma abreviada del nombre nórdico Sigrid y significa “belleza” y “victoria”, y fue el elegido por el desarrollador original para su primera hija.

Hay muchísimos videos en YouTube que tratan de demostrar las debilidades, impotencias y malcomprensiones por parte de Siri. En particular entre ellos uno que data de 2012 donde se “trolea” a Siri  que tiene más de medio millón de visitas, o el más que famoso ¿qué pasa cuando dividimos 0 x 0?, pero no siempre el que ríe último ríe mejor. Tantos intentos por tomarle el pelo a Siri dicen mucho más acerca de nuestro miedo, e impotencia, que de las limitaciones actuales del navegador de conocimientos.

Siri nació dos veces. Primero en 2010 como una aplicación para el iPhone creado por Siri Inc. (casi inmediatamente comprada por Apple en más de U$ 200 millones), la segunda como parte del sistema operativo perdiendo en el camino un poco de su tono irreverente y casi lunático y un vocabulario escatológico originales, a manos de Apple, que con su habitual corrección política le lavó la boca.

A cambio, Siri se volvió políglota; escaló hasta llegar primero a millones y hoy a muchas decenas de millones de usuarios. Mientras que antes solo contestaba por escrito ahora “habla” y estuvo tan bien integrada al iPhone que poíia lidiar con una decena de tareas.

Este intercambio que redujo la potencia de inteligencia de Siri a cambio de usos rápidos y fáciles, ignoraba que Siri no había nacido en un garaje, sino que era la progenie del programa de inteligencia artificial desarrollado por el Departamento de Defensa (DARPA) de USA durante años, a un costo asombroso de 150 millones de dólares, tratando de crear un asistente virtual que pudiera razonar y aprender. Una ambición nada menor. En su debut podia conectar 42 servicios web (desde Yelp y StubHub a Rotten Tomatoes y Wolfram Alpha, devolviendo una sola respuesta que integraba los mejores detalles de los mismos.

Concebido originalmente en vez de un motor de búsqueda que solo enumera links, como un motor de acciones (cerrar una cita, contestar mails, revisar el tiempo) , su objetivo era mantener conversaciones con la red, decidir y actuar.

¿Ya nos pasamos de tragos?” Hacer una búsqueda en Google buscando que alguien nos lleve a casa en ese estado no sería posible, pero un motor de acción podría traducir el murmullo, “estoy borracho llévame a casa,” en un comando pidiendo un taxi que nos rescate. El objetivo del Siri original era formular un paradigma completamente nuevo para acceder a Internet, uno que permitiría que los agentes de inteligencia artificial aportaran respuestas para nuestras necesidades, en lugar de brindar recursos relevantes para que los humanos los consultemos por nuestra cuenta. Si los motores de búsqueda definieron la segunda generación de la web, los co-fundadores de Siri confiaban que los motores de acción definirían la tercera.

En vez de modelar conceptos lingüísticos, el sistema podía modelar objetos del mundo real. Si decimos: “Quiero ver una película de suspenso,” Siri identificaría de inmediato “thriller” como un género cinematográfico – y propondría películas acorde – en vez de analizar cómo el sujeto se conecta con el objeto y el verbo. Siri es capaz de mapear los contenidos de una pregunta sobre un dominio de acciones posibles y a continuación, elegir la acción más probable basada en su comprensión de las relaciones entre los conceptos del mundo real.

El motor de acción se diseñó para anticipar lo que queremos antes de que lo queramos, y para ser complacidos antes siquiera de que lo pidamos. Aunque nunca se implementó del todo, el concepto buscaba ayudar a los viajeros frustrados por un avión retrasado sugiriendo vuelos alternativos, trenes disponibles a la brevedad, o la disponibilidad de coches en alquilar. El objetivo era diseñar un asistente potencialmente indispensable que mejorara y complementara las limitaciones de nuestras mentes humanas y nos liberara de tareas rutinarias y tediosas.

Estamos yendo cada vez más hacia interfases como las que usamos los humanos en dirección de una interacción cada vez más íntima con las máquinas, mientras que ellas ocupan un rol cada vez más determinante en nuestras vidas.

Más allá de adonde legue en su evolución Siri, es posible vaticinar que un mundo de asistentes inteligentes (como previó la propia Apple cuando anunció el Knowledge Navigator en 1987; lo retomó Bill Gates a pesar del fiasco que fue Clippy, está en la mira de Tim Berners Lee desde hace más de la década bajo la forma de Web Semántica, y encarnó en maravillas como CALO  (Cognitive Assistant that Learns and Organizes) de DARPA está a la vuelta de la esquina y el mundo será muy diferente antes y después de su eclosión.

Es posible que un Hal 9000 “bueno” cambie nuestras vidas (al menos de quienes estemos a tiro porque vastas legiones de la población difícilmente le puedan sacar el jugo).

La saga de los asistentes virtuales (telefónicos) enhebró una serie de promesas y fracasos: Wildfire, Pórtico, Clippy y muchos más pero cuando en 2007 el iPhone dividió en dos la historia de la telefonía celular Cheyer y Kittlaus fundaron Siri y ya nada sería igual. Inspirados en una obra como la de Michael Dertouzos‘s The Unfinished Revolution (2001) que aboga por una computación humano-céntrica (en la misma línea de Douglas Engelbar), y en aparatos que nos sirvan y no que nos pongan a su servicio. La combinación de talento, ambición y tiempo justo permitió que el programa encapsulara todos los logros de décadas precedentes.

Para algunos Siri se ha convertido en una inteligencia artificial huérfana. Mientras, la industria lo está copiando, los logro de CALO están siendo revisitados y ya aparecen asistentes virtuales especializados como Desti (viajes); Lola (bancos); Kuato (aprendizaje).

En poco tiempo florecieron decenas de servicios filo-Siri: S-Voice (Samsung); “Siri para aplicaciones” (Nuance). Las startups Evi y Maluuba liberaron asistentes  virtuales. IBM está trabajando en la adaptación de su superordenador Watson para ayudar a los médicos, agricultores, comerciantes de Wall Street. Google ha seguido a Siri de cerca creando su propio asistente de conversación, Google Now.

Del mundo real pasamos en seguida al metafísico, según Whitehead (citado por Bosker) “El progreso se mide por lo que ya no tenemos que pensar.” De eso se ocuparían las máquinas, cada vez más inteligentes (incluso que nosotros). Pero estamos progresando, ¿hacia dónde?

Imágenes de náufragos ahogados a pasos de los guardacostas, decapitados por Isis y muertos abandonados por decenas en furgoneta en las autopistas europeas, relativizan todo lo que venimos de decir y escribir. ¿Entonces? Quizás una alianza con máquinas no solo inteligentes, sino “sintientes” mejoren nuestras búsquedas y logro,s porque nuestro sentido moral está anestesiado. Por ahora vivimos en medio de contradicciones y confusiones. Es hora de despertar.

Referencias

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